EL INVERSOR QUE MIRA LAS OPCIONES CON RECELO
Mi cuñada estaba segura de que las opciones no eran para ella.
Hoy genera sus propios ingresos.
El día que mi cuñada me preguntó cómo lo hacía
Fue en una comida familiar. Claudia llevaba un rato mirándome de reojo hasta que, entre el café y el postre, soltó lo que le rondaba la cabeza:
—Oye, Renato… llevo tiempo observándote. Tú vives de esto, de los mercados. Y no te veo pegado a una pantalla ni estresado. ¿Cómo lo haces?
Sonreí. Pocas veces alguien de la familia me pregunta en serio por esto, y es de las cosas que más me gusta explicar.
—Hago que el dinero trabaje para mí, en lugar de trabajar yo para él. Suena a frase de libro, pero es literal.
—Ya… —dijo, jugando con la cucharilla—. Yo tengo cuatro acciones en el banco de toda la vida y poco más. Las miro de vez en cuando, cobro algún dividendo y ya está. Nada que ver con lo tuyo.
—¿Y te gusta cobrar esos dividendos?
—Claro. Es de lo poco que entiendo: compro, espero y me pagan.
—Pues imagínate poder cobrar más a menudo, y decidir tú cuándo y cuánto, sin esperar a que la empresa tenga a bien repartir.
Se quedó callada un segundo.
—Eso son las opciones, ¿no? —bajó la voz, como quien nombra algo peligroso—. Pero eso es casi como apostar. Es para gente que se la juega.
—Es justo al revés de lo que crees —y noté que me emocionaba, me pasa siempre con esto—. Los dividendos ya te pagan por esperar, ¿verdad? Pues esto es parecido, solo que aquí decides tú. Te pagan por esperar a comprar, o por esperar a vender.
—¿Cómo que por esperar a comprar?
—Hay una acción que te gustaría tener, pero más barata que hoy. Alguien te paga ahora mismo por comprometerte a comprarla a ese precio que a ti ya te parece bien. Si baja, la compras más barata… y encima te quedas con lo que te han pagado. Si no baja, te quedas el dinero igual. Cobras por tener paciencia.
—¿Y por esperar a vender?
—Lo mismo, al revés: por una acción que ya tienes, te pagan por comprometerte a venderla a un precio con el que estarías encantada. Mientras tanto, ese dinero ya es tuyo.
—O sea, que en lugar de comprar y rezar… me pagan por esperar a mi precio.
—Exacto. Y hay algo más que casi nadie cuenta: esas mismas opciones sirven para proteger lo que ya tienes. Como un seguro para tu cartera.
—¿Proteger? —se incorporó un poco—. Eso, fíjate, me interesa casi más que ganar.
—Lo sé. Y es de lo que menos se habla. Por eso te digo que esto no es una apuesta: es una herramienta para cobrar y, sobre todo, para dormir tranquila.
—Vale, pero… —me frenó— a mí esto me suena complicadísimo. Yo de finanzas sé lo justo. Me da miedo que se me vaya de las manos. Y encima dicen que hay que abrir cuenta en un bróker extranjero. ¿Sacar mi dinero del banco de siempre y meterlo fuera? No sé, Renato… creo que esto está por encima de mis posibilidades.
Me quedé mirándola. Esa frase —»está por encima de mis posibilidades»— la he oído muchas veces. Y casi nunca es verdad.
—Claudia, llevo más de veinte años operando opciones. ¿Sabes qué he aprendido en todo este tiempo? Que la dificultad está solo al principio. Una vez interiorizas las pocas ideas que de verdad importan, lo que queda es sorprendentemente simple. Hoy dedico muy poco tiempo a esto. Tan poco que puedo permitirme vivir como vivo.
—¿Tan poco?
—Tan poco. Pero para llegar ahí hay que empezar bien. Y ese es el problema: casi todo el mundo empieza por donde no debe. Vi que la curiosidad le iba ganando al miedo, así que no quise abrumarla.
—Mira, no te voy a soltar un discurso. Léete una cosa, sin compromiso, y luego hablamos. Es un libro donde cuento, en cristiano, cómo genero ingresos con las opciones. Si al terminarlo te sigue picando el gusanillo, seguimos. Y si no, no pasa nada.
Un par de semanas después me llamó. La noté distinta.
—Renato, no lo he entendido todo, eh. Pero he entendido algo más importante: que esto se puede hacer. Que no hace falta ser un genio de las finanzas. Quiero seguir.
Esa frase —»esto se puede hacer»— es la mejor señal que existe.
—Perfecto. Pues hablemos de cómo empiezas de verdad.
—Vale, pero ahora me vienen mil dudas de golpe —y casi podía oírla contar con los dedos—. ¿Qué estrategia uso yo, que soy principiante? ¿Cómo abro esa dichosa cuenta? ¿Cómo pongo una orden sin liarla? ¿Y qué hago si la operación se me pone en contra?
—Esas preguntas son exactamente las que frenan a casi todo el mundo. Y las que casi nadie te responde con detalle. Justo por eso estoy montando una formación, Opciones en 12 semanas y media, para resolverlas una a una, de principio a fin.
—¿Doce semanas y media? ¿Por qué media?
—Eso… es una sorpresa. Cuando llegues, lo entenderás.
—Sonreí—. Pero te cuento por dónde se empieza, que es lo importante. Por la pregunta que casi nadie se hace: ¿por qué quieres operar opciones? ¿Qué quieres conseguir tú? Porque según la respuesta, se elige una estrategia u otra y se construye de una forma distinta. Si te saltas eso, vas dando palos de ciego.
—Nunca lo había pensado así…
—Y para quitarte el miedo a lo práctico: verás mi propia pantalla del bróker. Cómo la configuro, cómo pongo cada orden, paso a paso. Y verás algo que te va a tranquilizar: se pueden montar las operaciones para no estar pegada a la pantalla. Yo no lo estoy. Por eso dedico la mayor parte de mi tiempo a lo que de verdad me importa, sin la obligación de seguir los mercados cada día.
Aun así, la notaba dudar. Así que se me ocurrió algo.
—¿Sabes qué? Tengo grabada una de las clases. Te la enseño y me dices si se entiende, sin que yo te explique nada. Eres perfecta para esto: si tú lo pillas sin saber de opciones, es que está bien explicado. Mi conejillo de indias.
Se rió, pero aceptó. Le puse el vídeo y la vi seguirlo con atención, asintiendo en los momentos clave. Cuando terminó, se giró hacia mí:
—Lo he seguido de principio a fin. Y no me he perdido ni una vez. —Hizo una pausa—. Creo que puedo hacerlo.
—Claro que puedes. Lo único que hacía falta era empezar bien. Y eso ya lo tienes.
Semanas más tarde me llegó un mensaje suyo. Había abierto su cuenta en Interactive Brokers. Debajo, una captura: su primera operación para generar ingresos.
«Hecho. Y oye… no era tan difícil como me parecía.»
Sonreí. Otra vez esa frase. La que siempre llega cuando alguien por fin se atreve a empezar.
. . .
Si has llegado hasta aquí, puede que te hayas visto un poco en Claudia.
Quizá tú también miras las opciones desde fuera y te parecen otro mundo: demasiado complejas, demasiado técnicas, cosa de gente con seis pantallas y nervios de acero.
Quizá te frena tener que abrir una cuenta fuera de tu banco de siempre.
O quizá, en el fondo, te ronda esa vocecita: «esto no es para mí, está por encima de mis posibilidades.»
Lo entiendo.
A casi todos nos ha pasado al principio.
Y es exactamente por eso por lo que creé Opciones en 12 semanas y media.
Cuando termines, sabrás generar ingresos con tus opciones y proteger lo que ya tienes, con calma y con criterio.
Sin vivir pegado a la pantalla.
Sin depender de la suerte.
Sabiendo en cada momento por qué haces lo que haces, y qué hacer si las cosas se tuercen.
Y no, no necesitas ser un experto en finanzas.
No necesitas seis pantallas ni pasarte el día mirando el mercado.
Créeme: no hace falta más.
Aquí no vas a encontrar una receta mágica para copiar a ciegas.
No te voy a soltar «la estrategia ganadora» para que la repitas sin entender nada; eso es justo lo que hace que la gente se estrelle a la primera de cambio.
Vamos a empezar por ti: por qué quieres operar y qué quieres conseguir.
Porque de ahí sale todo lo demás.
Cuando entiendes el porqué, las decisiones dejan de darte miedo y empiezas a tomarlas tú.
A mí me costó años —y unos cuantos errores— llegar a la simplicidad con la que opero hoy.
Lo que te ofrezco es el atajo que a mí nadie me dio: todo lo que de verdad importa, ordenado y sin paja, para que no pierdas el tiempo que yo perdí.
Y será tuyo de verdad.
No es lo mismo querer redondear unos ingresos que proteger una cartera que te ha costado años construir.
Por eso esto no es un molde igual para todos: es para tu situación, tus objetivos y el tiempo que quieras dedicarle.
Del precio te hablo enseguida.
Pero antes, algo importante: no te voy a prometer cuánto vas a ganar —eso no sería serio, y harías bien en desconfiar de quien te lo prometa—.
Lo que sí sé es que, en esto, los errores se pagan.
A mí, empezar a ciegas me costó, en dinero contante y sonante, varias veces lo que vale esta formación.
Así que no la veas como un gasto, sino como lo que te ahorras por no tropezar donde yo tropecé.
Y lo que te llevas no caduca: es tuyo el resto de tu vida como inversor.
Lo único que de verdad necesitas para empezar es querer.
La motivación correcta. Lo demás te lo doy yo.
Entre otras cosas, esto es lo que te llevas:
Atención: hay algo que no te esperas.
Un extra que no verás anunciado en ninguna parte y que solo descubrirás cuando llegues a él. No te adelanto qué es —se llama sorpresa por algo—, pero te aseguro que vas a sentir que te llevas bastante más de lo que viniste a buscar.
Quiero que lo veas por lo que es: una inversión, no un gasto. Una inversión en algo que casi nadie tiene: la capacidad de decidir tú sobre tu propio dinero, sin depender de que un banco o un fondo lo haga por ti. Pocas cosas valen más.
La alternativa ya la conoces: seguir otro año más en la barrera, como Claudia, viendo pasar el tiempo —y el dinero parado— mientras esperas el momento «perfecto» que nunca llega.
Lo que te falta no es talento, ni dinero, ni tiempo: es un buen punto de partida y alguien que ya conozca el camino. Eso es justo lo que vas a tener aquí.
Y ahora sí, hablemos de la inversión.
Durante el lanzamiento, y solo hasta el 30/09/2026, entras por 190 € Después, la inversión pasa a 240 € (IVA incluido)
Es lo más accesible que va a estar nunca: el precio de lanzamiento no vuelve, y a partir de esa fecha solo sube. El mejor momento para empezar —y el más barato que vas a ver— es este.
Y si aún no lo tienes claro, no entres. En serio. Esto es para quien está preparado para dar el paso, no para quien hay que convencer. Ya llegará tu momento… o no, y también estará bien.
Pero si has leído hasta aquí y algo dentro de ti lleva rato diciéndote «esto es lo mío»… hazle caso de una vez.
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Contenido de la Formación
190 € IVA incluido
precio de lanzamiento hasta el 30/09/2026
después 240 € IVA incluido
P.D.: Y una última pregunta, quizá la más sincera de todas.
Olvídate un momento de lo que cuesta y piensa en lo que te llevas.
Puestos en una balanza, ¿de verdad crees que esto no vale 240 €?
Yo creo que, en el fondo, ya sabes la respuesta.
Pues ese será su precio después del periodo de lanzamiento.
Hoy entras por 190 €.
Te espero dentro.
